In general, Latin American police forces do not garner positive media coverage. Cases of systematic abuses have often been reported from El Salvador, Mexico, Chile and Brasil. Although the Colombian police, by no means, has a clean record, it has managed to keep a lower profile than the forces in other Latin American countries. The Colombian police have often been cited for human rights abuses – and even to collaborating in crimes with the paramilitary forces, though at a much lesser degree than the Colombian military forces. To counter this, in 1993, the Colombian government initiated a novel reform to the police system: civilian oversight. Four years later, however, this new system was discontinued.
Colombian police violence and brutality towards civilians has been consistently reported over the past two decades, especially in the country’s larger cities. 166 members of the police force were charged for several different offensives of physical aggression against prisoners in Bogotá during 2008, according to a recent report in El Tiempo. Another 135 were investigated and charged for mistreating their authoritative position.
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En general, las fuerzas policiales de América Latina no reciben la prensa positiva. Casos de abusos sistemáticos han sido reportados a menudo en El Salvador, Mexico, Chile y Brasil. Aunque la policía colombiana, de ninguna manera, tiene una historia limpia, ha logrado mantener un perfil más bajo que las fuerzas de otros países latinamericanos. La policía colombiana ha sido citada por violaciones de los derechos humanos – e incluso a colaborar en delitos con los paramilitares, aunque en muchos menos casos que las fuerzas armadas colombianas. Para contrarrestar esto, en 1993, el gobierno colombiano inició una nueva reforma al sistema policial: la supervisión civil. Cuatro años más tarde, sin embargo, este nuevo sistema se suspendió.
Un caso especialmente angustioso ocurrió en las primeras horas de la mañana de 9 de febrero de 2009. Después de la detención de dos chicos que habían participado en una pelea en la calle – ambos de 14 años de edad – la policía les llevó a la estación y les esposó una barandilla. Según sus padres, la policía luego arrojó gasolina de una botella de gaseosa sobre los muchachos y les prendió fuego. Ambos menores fueron a dos diferentes hospitales donde recibieron atención para sus heridas. Elkin Barrios, el médico que cuidaba a uno de los niños, explicó que su paciente tenía quemaduras de segundo grado en aproximadamente el nueve por ciento de su cuerpo. Tras el incidente, cuatro policías fueron suspendidos y el Inspector General de la Policía, el general Guillermo Aranda Leal agregó que “todo está bajo investigación.”
Estas alegaciones deben ser investigadas exhaustivamente y los responsables deben ser sancionados.
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