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The US Office on Colombia Blog is a bilingual space to discuss important news about human rights and peace in Colombia. Several of our articles come from prominent Colombian organizations and independent journalists. We encourage you to read our articles and participate by posting comments!


El Blog de la US Office on Colombia es un espacio bilingüe para discutir asuntos importantes acerca los derechos humanos y la paz en Colombia. Muchos de nuestros artículos vienen de organizaciones colombianas prominentes y de periodistas independientes. ¡Le animamos a Usted a leer los artículos y participar por hacer comentarios!

Monday, November 24, 2008

474 Union Organizers Killed since 2002; 97% Impunity Rate over 23 years

On Wednesday, November 19, three of the key labor unions in Colombia said that 474 union leaders have been killed since the beginning of President Álvaro Uribe’s mandate and pointed out that there is a 97% impunity rate on the killings of almost 2,700 union leaders which have occurred over the last 23 years. That same day, there was an explosion at a Unitary Workers Central (CUT) subdivision in Arauca.

The announcement was made by the Unitary Workers Central (CUT), the Workers’ Confederation of Colombia (CTC), and the Confederation of Pensioners of Colombia in an open letter to President Uribe. The unions rejected an invitation from President Uribe to hold talks with them, arguing that such meetings have not been useful for conducting a serious dialogue about the interests and needs of Colombian workers.

In the letter, the unions also accuse Uribe of implementing policies that go against workers and of generally disregarding labor unions. They call for the government to pay attention to their demands for participation in the development of economic policy, particularly with regard to the protection of workers from what they deem to be an imminent economic crisis. Additionally, they ask the government to organize a permanent commission to discuss with them a 16-point agenda toward the observance of agreements and recommendations made by the International Labor Organization.

Although the government has not yet responded to the unions’ announcement, a document was posted on the website of the Ministry of Social Protection with the government’s numbers about killings of union leaders. Against the claim that 474 leaders have been killed in the past six years, the document states that only 400 have been killed as of November.

The situation for labor organizers in Colombia continues to be dire. While the U.S. and Colombian governments have sought to depict trade union assassinations as a mere byproduct of the overall violence, trade unionists are regularly threatened and killed for exercising their basic right to organize.¹ Indeed, more unionists were murdered in the first eight months of 2008 than in all of 2007 (41 as of the end of August, compared to 38 in all of 2007). In addition, at least 125 trade unionists have received death threats.

As the Compass for Colombia Policy recommends, the United States should insist upon advances in respect for labor rights, especially in reducing violence against trade unionists, ending impunity in such cases, and reforming labor laws prior to approving any trade agreement with Colombia.


¹Compass for Colombia Policy, available at http://www.usofficeoncolombia.com/docs/compass_for_colombia_policy.pdf.

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474 sindicalistas asesinados desde 2002; impunidad del 97% en 23 años

El pasado miércoles 19 de noviembre tres de las principales centrales obreras de Colombia informaron que 474 sindicalistas han sido asesinados desde el comienzo del mandato del presidente Álvaro Uribe y señalaron que la tasa de impunidad con relación a los asesinatos de casi 2.700 líderes sindicales ocurridos en los últimos 23 años es de 97%. El mismo día del anuncio, un artefacto explosivo estalló en una subdivisión de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) en Arauca.

Las estadísticas sobre asesinatos fueron reveladas por la CUT, la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC) y la Confederación de Pensionados de Colombia (CPC) en una carta abierta al presidente Uribe. Las centrales obreras rechazaron una invitación de Uribe a dialogar, argumentando que ese tipo de reuniones nunca han sido útiles para adelantar un diálogo serio sobre los intereses y las necesidades de los trabajadores colombianos.

En la carta, las centrales también acusan a Uribe de implementar políticas que van en contra de los trabajadores y de desconocer a los sindicatos. Exigen que el gobierno los tenga en cuenta en discusiones sobre políticas económicas, especialmente frente a la inminente crisis económica que se avecina. Además, señalan la necesidad de una comisión permanente de concertación para tratar una agenda de 16 puntos con el fin de avanzar en el cumplimiento de acuerdos y recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo.

Aunque el gobierno no ha contestado directamente la carta de los sindicatos, un documento fue publicado en el sitio de internet del Ministerio de Protección Social con las cifras del gobierno sobre asesinatos de sindicalistas. Allí se afirma que en los últimos seis años han sido asesinados 400 sindicalistas y no 474 como afirman las centrales obreras.

La situación no deja de ser grave para los sindicalistas en Colombia. Aunque los gobiernos de Estados Unidos y Colombia han intentado presentar los asesinatos de sindicalistas como resultado de la violencia en general, éstos son amenazados y asesinados con regularidad por ejercer su derecho básico a organizarse.² En efecto, más sindicalistas fueron asesinados en los ocho primeros meses de 2008 que en todo 2007 (41 hasta finales de agosto, frente a 38 en todo 2007). Además, por lo menos 125 sindicalistas han recibido amenazas de muerte.


² Un nuevo rumbo para la política estadounidense en Colombia, disponible en http://www.usofficeoncolombia.com/docs/compass_nuevo_rumbo.pdf.

Monday, November 17, 2008

Proposed Victims Law a Major Backward Step for Reparation

On November 12, the First Commission of the Colombian Chamber of Representatives passed a bill intended to establish measures for reparation and protection of victims of the Colombian armed conflict. In reality the bill is a backward step for the country’s reparation policy, and as the United Nations claimed, is “discriminatory”.

The United Nations’ main objection is that the proposed law dictates that victims can only benefit from it if their victimization occurred before its approval, thus excluding all future victims. The bill also stipulates that victims must go through a process that will be designed by the government in order to recognize them as a victim. Moreover, although it allows for victims of crimes committed by state agents to receive reparations —which the government had at first opposed categorically— they can only do so after a judicial sentence, and only if the perpetrator was a member of the public forces (which includes the military and the police, but not intelligence services or other state agents).

This would mean that the families of the hundreds of civilians executed by the government’s armed forces (there are 535 alleged cases between January 2007 and June 2008) would not have immediate access to reparations.

Colombian Human Rights NGOs also rejected the bill and said that it goes against the victims’ rights as well as international human rights standards. Iván Cepeda, head of the Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE), said that a commission of Colombian human rights activists will travel to the United States this week to raise awareness about the proposed law’s shortcomings.

The bill’s original sponsor, Senator Juan Fernando Cristo (Liberal Party, opposition), rejected the modifications to the law and requested that the bill be shelved. “Just like the paramilitaries dismembered many Colombians, the government dismembered this bill,” he said.

The bill will have to be voted once more in the Chamber of Representatives before it is made into a law.


Proyecto de ley de víctimas: gran retroceso para la reparación

El 12 de noviembre la Comisión Primera de la Cámara de Representantes aprobó un proyecto de ley con el fin de establecer medidas de reparación y protección para las víctimas del conflicto armado colombiano. En realidad, el proyecto es un retroceso para la política de reparación y, tal como lo afirmó la ONU, es “discriminatoria”.

La principal crítica de Naciones Unidas es que el proyecto estipula que las víctimas sólo pueden acogerse a la ley si su victimización ocurrió antes de su aprobación, excluyendo así a todas las víctimas futuras. El proyecto también establece que las víctimas deberán atravesar un proceso que será diseñado por el gobierno para acreditarse como víctimas. Además, aunque permite a que las víctimas de crímenes de Estado reciban reparaciones —lo cual el Gobierno se negaba a aceptar anteriormente—, sólo pueden hacerlo luego de una sentencia judicial, y sólo si el victimario pertenecía a la Fuerza Pública (es decir, a las Fuerzas Militares o a la Policía, pero no al DAS o a otros agentes estatales).

Esto significaría que las familias de los cientos de civiles ejecutados por las Fuerzas Militares (hay 535 presuntos casos entre enero de 2007 y junio de 2008) no tendrían acceso inmediato a reparaciones.

Varias ONG de derechos humanos también rechazaron el proyecto y señalaron que va en contra de los derechos de las víctimas y de los estándares internacionales de derechos humanos. Iván Cepeda, director del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE), dijo que una comisión de activistas de derechos humanos estarán en Estados Unidos esta semana para mostrar las deficiencias del proyecto de ley.

El senador Juan Fernando Cristo (Partido Liberal, oposición), quien impulsó el proyecto original en el Senado, rechazó las modificaciones y solicitó que el proyecto sea archivado. “El gobierno nacional ha descuartizado la ley, de la misma manera que los victimarios descuartizaban a sus víctimas”, dijo.

El proyecto deberá ser votado una vez más en la plenaria de la Cámara de Representantes y, de ser aprobado, pasará a concertación con lo que se aprobó en el Senado antes de convertirse en ley.

Sunday, November 9, 2008

Military Shake-Up over Extrajudicial Executions a Good First Step but Not Enough

The shake-up in the Colombian military over the extrajudicial executions scandals and President Uribe's recognition of the problem are good first steps toward addressing a long-known practice, but they must be followed up with other measures in order to adequately address this systematic practice.

The Colombian government recently dismissed three army generals and 24 soldiers in the midst of a "false positives" scandal, involving extrajudicial executions of civilians in order to increase body counts in the fight against illegal armed groups. The firings then resulted in the resignation, on Tuesday, of the army commander, General Mario Montoya.

President Álvaro Uribe also announced on Thursday that every military and police unit will have an officer receiving citizens' complaints about human rights abuses, and promised to give weekly accountability reports on such complaints starting on November 17.

These measures are the result of an investigation that was launched by the government and the military on October 24 into the high-profile extrajudicial executions cases where 19 young men went missing from Ciudad Bolivar (Bogota) and Soacha (Cundinamarca) and there bodies were later found in mass graves in Ocaña (Norte de Santander), and Cimitarra (Santander). These cases are examples of an apparently new modality for "false positives," consisting in luring young men from poor neighborhoods with job offers in other regions. After they are taken away, they are reported as killed in battle. Other such cases have taken place in Toluviejo (Sucre), Chinú (Córdoba), Sahagún (Córdoba) and Chinchiná (Caldas).

These government measures are positive. Nevertheless, the issue of extrajudicial executions goes back much further in time than the crimes that produced the latest scandal, and it is not a matter of isolated cases, but a "widespread and systematic" practice, as the United Nations High Commissioner for Human Rights, Navi Pillay, observed. The recent military sackings made evident, when there is political will, the government is capable of responding to this issue in a fast and effective manner. Hopefully it can address the hundreds of other cases of extrajudicial executions throughout the country in the same manner.

Cases of extrajudicial executions saw a 65% increase in between 2002 and 2007, according to a 2007 report by the Medellín based NGO Instituto Popular de Capacitación. A recent report by the Colombia-Europe-United States Coordination revealed cases of alleged extrajudicial executions in 27 of the 32 departments of Colombia and an impunity rate for the cases that they are following of 78.1%. The same report concluded that there were 535 extrajudicial killings reported between January 2007 and 30 June 2008, it appears that numerous cases occurred in areas where US-trained or funded Colombian security forces operate, and cases of alleged extrajudicial executions were present in 27 or the 32 Colombian departments.

Moreover, the "body count" system as a measure of military success is still prevalent among many sectors of the armed forces despite public appeals by the government against it. It is worrisome that the new army commander, General Óscar González, was commended in 2006 for reaching high body counts, as reported by El Tiempo. Although González was picked by the government for having a clean record, González has also been the object of controversy for alleged abuses committed by his division in Antioquia between 2003 and 2005.

The recent measures are certainly very positive, but they must not be seen as an ultimate solution to the issue of extrajudicial executions or to systematic military practices involving human rights violations. It remains to be seen whether the government and the military forces' commitment to respecting human rights expressed in the past few days proves real in practice.

The Attorney General's office (Fiscalía) is currently reviewing 657 cases involving 688 members of the military. There have been 43 convictions and 12 are still undergoing criminal proceedings. Moreover, the Solicitor General's office (Procuraduría) is investigating 2,742 members of the army for the same crime.

The government ought to reinforce judicial processes on "false positives" and take action regarding other members of the military that are found responsible of illegal conduct as investigations move forward, even if media attention shifts away from the issue. It would also do well to recognize the veracity of NGO reports on the matter and recant its inflammatory remarks against those who have been long denouncing this practice.

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Revuelco en las Fuerzas Militares: positivo pero no suficiente

El revuelco en las Fuerzas Militares colombianas a causa de los escándalos por las ejecuciones extrajudiciales y el reconocimiento del problema por parte del presidente Uribe son pasos positivos en la dirección de remediar una práctica conocida de tiempo atrás, pero deben ser complementados con otras medidas para resolver adecuadamente esta práctica sistemática.

La semana pasada el gobierno colombiano retiró a tres generales y 24 soldados del ejército en medio de un escándalo de "falsos positivos" por ejecuciones extrajudiciales de civiles que tendrían como fin aumentar el “conteo de cuerpos” en la lucha del ejército contra los grupos armados ilegales. Los despidos resultaron en la renuncia, el martes, del comandante del Ejército, el general Mario Montoya.

Ese mismo día el Presidente Álvaro Uribe Vélez anunció que todas las unidades militares y de policía tendrán de ahora en adelante un oficial que recibirá las denuncias de los ciudadanos sobre violaciones de derechos humanos por parte de las fuerzas armadas. El presidente prometió dar, a partir del 17 de noviembre, informes semanales de los reclamos recibidos.

Estas medidas son el resultado de investigaciones iniciadas el 24 de octubre por el gobierno y el ejército acerca del caso altamente divulgado de las ejecuciones extrajudiciales de 19 jóvenes desaparecidos de Ciudad Bolívar (Bogotá) y Soacha (Cundinamarca), cuyos cuerpos fueron encontrados en fosas comunes en Ocaña (Norte de Santander) y Simitarra (Santander). Este caso es un ejemplo de lo que aparentemente sería una nueva modalidad de ejecuciones extrajudiciales, la cual consistiría en atraer jóvenes de barrios deprimidos con ofertas de trabajo en otras regiones y, una vez reclutados, presentarlos como muertos en combate. Casos similares han ocurrido en Toluviejo (Sucre), Chinú (Córdoba), Sahagún (Córdoba) y Chinchiná (Caldas).

El hecho de que el alto gobierno tome estas medidas es muy positivo, teniendo en cuenta que los reportes de abusos por parte de las fuerzas militares en general son ignorados o desestimados, si no son rechazados de plano y demonizados como sirviendo a los intereses de las FARC. Con estas medidas se demuestra que cuando hay voluntad política, el gobierno puede responder de forma rápida y efectiva a las violaciones de derechos humanos. Sólo resta esperar que responda de la misma forma a los otros cientos de casos de ejecuciones extrajudiciales a lo largo y ancho del país.

Sin embargo, la cuestión de las ejecuciones extrajudiciales se remonta mucho más atrás que el escándalo más reciente y no se trata en modo alguno de casos aislados, sino de una política sistemática y ampliamente difundida, tal como lo sostiene Navi Pillay, Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Los casos de ejecuciones extrajudiciales aumentaron en 65% entre 2002 y 2007 según un reporte hecho en 2007 por el Instituto Popular de Capacitación, ONG basada en Medellín. Así mismo, un reciente reporte de la Coordinación Colombia-Europa-Estados Unidos reveló casos de presuntas ejecuciones extrajudiciales en 27 de los 32 departamentos del país, con una tasa de impunidad de 78.1% en los casos a los que la Coordinación está haciendo seguimiento. El mismo reporte asegura que se reportaron 535 ejecuciones extrajudiciales entre enero de 2007 y el 30 de junio de 2008, que varios casos ocurrieron en zonas donde operan fuerzas de seguridad entrenadas o financiadas por Estados Unidos, y que hubo casos de presuntas ejecuciones extrajudiciales en 27 de los 32 departamentos colombianos.

Aún más, el “conteo de cuerpos” como medida de éxito aún prevalece en muchos sectores de las Fuerzas Armadas pese a los llamados de atención públicos por parte del gobierno. Es preocupante que el nuevo comandante del Ejército, el General Oscar González, haya sido premiado en 2006 por alcanzar altos “conteos de cuerpos”, según El Tiempo. Pese a que fue escogido por el gobierno por no tener antecedentes, González también ha sido objeto de controversias por presuntos abusos cometidos por la división a su cargo en Antioquia entre 2003 y 2005.

Las medidas recientes son sin duda muy positivas pero no pueden ser vistas como la solución definitiva al problema de las ejecuciones extrajudiciales y demás prácticas sistemáticas por parte del ejército que implican violaciones a los derechos humanos. Aún queda por ver si el compromiso expresado por el gobierno y las Fuerzas Armadas se muestra real en la práctica.

Actualmente la Fiscalía General de la Nación está procesando 657 casos que involucran a 688 miembros de las Fuerzas Armadas. Hasta el momento ha habido 43 condenas y 12 casos están siendo juzgados. Además, la Procuraduría está investigando a 2,742 miembros del Ejército por el mismo crimen.

El gobierno debe reforzar las acciones judiciales por casos de “falsos positivos” y tomar acciones contra otros miembros de las Fuerzas Armadas que sean encontrados responsables cuando las investigaciones avancen, incluso si el problema deja de recibir la atención de los medios. También sería conducente reconocer la veracidad de los informes de las ONGs y retractarse de los comentarios inflamatorios en contra de aquellos que desde hace tiempo vienen denunciando este tipo de prácticas.

Massive Intra-Urban Displacement in Buenaventura

The port-city of Buenaventura is experiencing the largest intra-urban displacement in Colombia’s history with 722 families —4,600 individuals— being displaced in recent weeks. The mass migration began on October 20, 2008 when 200 families from the neighborhood of Lleras —located in Comuna 3 on the waters edge— had to flee to other areas of the city because of intense fighting between the militia who traditionally controlled the neighborhood and incoming paramilitary groups. Over the past 5 days, about 70 families on average continue to become displaced from Lleras each day.

This despair and displacement is prevalent throughout various other neighborhoods in Buenaventura. At the end of September, 20 families fled from the San Francisco neighborhood due to fighting between the FARC and paramilitary groups. Around the same time, 34 families were displaced from the Viento Libre neighborhood. Last month paramilitary groups forcefully took five neighborhoods in Buenaventura, threatening civilians, forcefully recruiting young men and displacing many people.

Adding to the disorder in Buenaventura, there are reports from the ground alleging that the public forces are not taking adequate steps to protect civilians and are not intervening in the fighting between paramilitary and guerrilla groups. One displaced person from Lleras told CODHES, “One sees the army and the police in the outskirts of all the neighborhoods, but it seems that they are allowing the guerrillas and paramilitaries to kill each other without thinking of the risks to civilians.”

What remains clear amidst the confusion is that is that those families that have been forced to flee due to fighting are not receiving the humanitarian aid that they need. The situation grows more precarious each day as more and more families leave their homes behind.

As a result of its brutal internal armed conflict, Colombia is the nation with the highest number of internally displaced persons (IDPs) in the Western Hemisphere. According to the Consultation on Human Rights and Displacement (CODHES), there are 4,361,355 IDPs in the country as of March 2008. Worse still, the highest rate of internal displacement in more than 23 years was recorded in the first half of 2008. This trend has continued into the second half of this year, as can be seen all too clearly in the case of Buenaventura.

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Desplazamiento intraurbano masivo en Buenaventura

El puerto de Buenaventura está sufriendo el desplazamiento intra-urbano más grande en la historia de Colombia con 722 familias – 4600 individuos – desplazadas en las semanas recientes. La migración masiva empezó el 20 de octubre de 2008 cuando 200 familias del barrio de Lleras – ubicado en la Comuna 3 a la orilla del mar - tuvieron que huir a otras partes de la ciudad a causa de enfrentamientos intensos entre la milicia que tradicionalmente controla el barrio y los nuevos grupos paramilitares. En los últimos cinco días han sido desplazadas cerca de 70 familias cada día.

Este desespero y desplazamiento también está ocurriendo en otros barrios de Buenaventura. A finales de septiembre, 20 familias debieron huir del barrio San Francisco por enfrentamientos entre las FARC y grupos paramilitares. Al mismo tiempo, 34 familias fueron desplazados del barrio Viento Libre. El mes pasado, grupos paramilitares tomaron cinco barrios en Buenaventura, amenazando a civiles, reclutando jóvenes de manera forzada y desplazando a mucha gente.

Contribuyendo al desorden en Buenaventura, hay informes alegando que la fuerza pública no está tomando los pasos adecuados para proteger a los civiles y que no está interviniendo en los enfrentamientos entre los paramilitares y los grupos guerrilleros. Un desplazado de Lleras le dijo a CODHES que “Uno ve ejército y Policía en los alrededores de todos los barrios, pero parece que están dejando que se maten entre guerrilleros y paramilitares sin pensar en los riesgos que corren los civiles.”

Lo que queda claro dentro de la confusión es que las familias que han sido forzadas a huir a causa de la violencia no están recibiendo la asistencia humanitaria que necesitan. Cada día la situación se hace más precaria con más y más familias que tienen que dejar sus casas atrás.

Como resultado del brutal conflicto armado, Colombia es el país con la mayor cantidad de desplazados internos en el hemisferio oeste. Según la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES), hasta marzo de 2008 había 4.361.355 desplazados en el país. Aun peor, la tasa más alta de desplazamiento interno en más de 23 años se presentó durante la primera mitad de 2008. Esta tendencia ha continuado en la segunda mitad de este año, como se puede ver claramente en el caso de Buenaventura.

Human Rights Defender and Social Activist Killed in Chocó

Walberto Hoyos Rivas had narrowly survived one attempt on his life. Sadly, he did not survive the second. The courageous community leader of Curvaradó, an Afro-Colombian territory in the Chocó department, was assassinated yesterday by suspected paramilitaries.

This tragic event highlights the power and control of the paramilitaries in the area, despite the presence of National Army Brigade 15 and the Police. Because of constant threats against his life, Hoyos was entitled to a government bodyguard and a car, as dictated by a IACHR provisional measure, but he did not have them with him at the time.

Hoyos was renowned for being a major whistleblower about dark alliances between paramilitaries and palm oil businesses, responsible for usurping lands from Afro-Colombians, resulting in massive forced displacements and the establishment of large palm plantations in Afro-Colombian collective territories.

Hoyos' accusations had been echoed by the Attorney General's office (Fiscalía) and the office of the Ombudsman (Defensoría del Pueblo), as well as the Inter-American Commission of Human Rights (IACHR).

Hoyos was also instrumental in the creation of Humanitarian Zones, widely praised for effectively preventing forced displacements in the Chocó region.* The Humanitarian Zones, whose inhabitants have declared themselves neutral to all conflict actors, have been the object of constant threats, sometimes by representatives of palm business and at other times by the Águilas Negras, whose presence in the region has been repeatedly denounced.


* Resistencia al desplazamiento por combatientes y agentes de desarrollo: Zonas humanitarias en el nor-occidente colombiano. Geneva: Internal Displacement Monitoring Centre - Nowegian Refugee Council, 2007.

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Defensor de Derechos Humanos y líder social asesinado en el Chocó

Walberto Hoyos Rivas sobrevivió por poco a un atentado contra su vida el 17 de septiembre de 2007. Desafortunadamente, no sobrevivió al segundo. El valiente líder comunitario de Curvaradó, territorio afrocolombiano del departamento del Chocó, fue asesinado el 14 de Octubre de este año por presuntos paramilitares.

El trágico evento demuestra el control de la zona por parte de grupos paramilitares, pese a la presencia de la XV Brigada del Ejército Nacional y la Policía. Debido a constantes amenazas contra su vida, Hoyos contaba con la protección de un guardaespaldas y un vehículo oficial, siguiendo una medida provisional de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Sin embargo, al momento de su muerte no contaba con ninguno de los dos elementos de protección.

Hoyos era conocido por sus denuncias acerca de alianzas oscuras entre los grupos paramilitares y la industria de la palma de aceite, las cuales han resultado en la usurpación de tierras a la población afrodescendiente. A su vez, tal expropiación resulta a en desplazamiento forzado masivo y en el establecimiento de enormes plantaciones de palma en los territorios colectivos de los afrocolombianos.

Las denuncias de Hoyos habían tenido eco en la Fiscalía General de la Nación, la Defensoría del Pueblo, e incluso en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Así mismo, las acciones de Hoyos habían sido esenciales en la creación de las Zonas Humanitarias, ampliamente reconocidas por prevenir efectivamente el desplazamiento forzado en el Chocó.** Las Zonas Humanitarias, cuyos habitantes se han declarado neutrales frente a todos los actores del conflicto armado, han sido víctimas de constantes amenazas. Algunas de éstas provienen de representantes de la industria de palma de aceite y otras de las Águilas Negras, grupo cuya presencia en la región ha sido denunciada repetidamente.


** Resistencia al desplazamiento por combatientes y agentes de desarrollo: Zonas humanitarias en el nor-occidente colombiano. Ginebra: Internal Displacement Monitoring Centre - Nowegian Refugee Council, 2007.